En la misa por nuestro padre, el tío José María y tuya , 10 de septiembre de 2021
Estos días he estado pensando
en cómo describir a mi padre y me he dado cuenta que siempre pienso
en él en la actualidad y creo que es algo que tendemos a hacer
todos, creer que esa persona es tal y como es ahora y no pensar en
como fue ni en lo que hizo. El transcurrir de los años y los
vaivenes de la vida hacen que todos vayamos cambiando.
No
puedo hablar mucho sobre su infancia y juventud, se lo que me han
contando pero yo no lo he vivido. Buen
amigo de sus amigos y
de sus hermanos y
primos,
religioso, alguien al que le gustaba mucho la naturaleza, hacía
excursiones y pasaba largas
temporadas en la casa de los Pinos de mis abuelos, y
al que
ya le gustaba leer pero
que era de
rutinas fijas
y
nada dado a la juerga.
También
es aquel joven que compartía Vespa con su hermano José María y que
con ella iba desde La Palma del Condado a la sierra para poder
cortejar a la joven maestra vasca que conoció en la Palma y a la que
le había tocado Traslasierra como destino.
Más
o menos esto ha permanecido estable en su vida, ha sido un lector
voraz, al que le gustaba la historia sobremanera y de la que sabía
mucho, muchísimo. Lo ha practicado hasta el final y recomendaba
libros a las personas cercanas. Aquí, en Aljaraque, le dieron el
carnet de la cultura de honor por ser
un gran lector.
Nunca
fue alguien dado a la fiesta y a pesar de criarse en una familia
rociera dejó de ir al Rocío en tiempo de festividad porque la
multitud le disgustaba. Eso sí, entre mis recuerdos está,
cuando el Rocío era una romería “comedida”, el ir el
domingo junto a la
familia y los bartulos
apropiados y comer
todos cerca de la ermita.
Fue
una persona comprometida y ya en tiempos de mi infancia, creó junto
a mi madre el club juvenil de Villarrasa, un sitio de encuentro para
los jovenes del pueblo. Con ellos hubo teatros y excursiones, andando
a los Pinos y en autobús a Aguafría, dónde mi madre había
estado de maestra, y
para la que se ahorró dinero entre
todos para comprar dos
grandes tiendas de
campaña. Estamos hablando de la
decada de
los 70 cuando
todo no era tan fácil ni habitual como ahora.
De
entre esos jovenes formaron un grupo con el que se reunían para
hablar de Cristo y los pensamientos cristianos y ellos son ahora sus
compadres. Con su compadre José María atendió a algunas personas
mayores del pueblo, curando, lavando y proveyendo de comida cuando
aún no existía eso de los Asuntos Sociales.
Le
gustaban los niños y fue un padre cariñoso que te enseñaba
múltiples juegos antiguos y
nos llevaba a pescar en familia al comenzar
el día. Ésto
se nos daba bastante mal y no pescábamos nada.
También
fue muy cercano con
sus sobrinos y llegó a ser un amigo
para ellos. Mis
primos, tanto del norte como del sur, pueden contar múltiples
anécdotas de ellos junto a él.
En
aquella época cada fiesta, comunión, bautizo, bodas de plata, se
convertía, gracias a mis padres, en un día de convivencia a la que
estaba invitado todo el mundo. Todo se organizaba en casa y no
faltaba de nada, más bien sobraba y el ambiente era muy relajado,
nada formal, momentos llenos de diversión y alegría.
Aunque
de familia bodeguera, cuando llegó
a Aljaraque empezó a
aprender a
cultivar como hobby, fue a varios cursos e
impartió otros, y
aprovechó esa faceta suya para colaborar en el centro de
rehabilitacion de Naim. Enseñaba a los jovenes agricultura y como
montar su propio invernadero y a
cultivar además el
espiritu compartiendo y hablando muchas horas con ellos. Para
él no había horarios. Al
que por fin conseguía terminar el proceso le regalaba un escardillo
pequeño como recuerdo. Estuvo colaborando allí más de 20 años.
Mientras
tanto, mi hermano empezó a pintar, él
colaboró junto a todos
nosotros a procurarle medios de transporte, montar exposiciones y
darles publicidad. Todos recordamos en casa la Llamada a Fidias (para
nosotros la cruz) por su
forma y lo complicada
de transportar. Mi
padre siempre exclamaba ¡¿otra vez hay que llevar la cruz?! La
última exposición cuyo lugar
gestionó junto a la alcaldía de Aljaraque, fue la que organizamos
para Jon
en el Hotel Paris al año de su muerte.
Llegó
la muerte de un hijo, la enfermedad y la edad. ¿Cómo reaccionar
ante ello?
Papá,
ya sois muchos Castizos
en ese
otro mundo (tú, Diego,
Jose M.ª, Andrés y, por supuesto, Jon) así que
podréis
crear de nuevo
tertulias interminables
con conversaciones cruzadas, que el abuelo Pepe
podrá parar
cuando se desespere
dando un golpe seco a la mesa y
diciendo: ¡Dejadme
hablar!.
Y
te diré, porque a veces nos preguntabas si lo haríamos, que sí,
que te echamos mucho de menos. Te queremos.
P.D. Nuestros padres allá por el tiempo de la Vespa en la Palma del Condado